
Tailandia anunció su estrategia para el sector de los semiconductores en el que prevé una inversión de 80.000 millones de dólares y la creación de 230.000 puestos de trabajo para 2050. La presentación del plan maestro por parte del ejecutivo nacional establece las bases regulatorias, financieras e infraestructura tecnológica con las que el país del Sudeste Asiático pretende transformar su matriz productiva y posicionarse como un centro neurálgico en la cadena global de suministros de tecnología de alta precisión.
El plan busca construir un ecosistema de chips totalmente integrado para 2050, con el objetivo de generar 150 mil millones de dólares en ingresos anuales, según el ministro de Finanzas, Ekniti Nitithanprapas. La hoja de ruta diseñada por la administración tailandesa contempla la atracción de inversión extranjera directa, el otorgamiento de incentivos fiscales estratégicos y el desarrollo de capacidades industriales avanzadas que abarquen desde la investigación básica y el diseño de circuitos integrados hasta el empaquetado.
El objetivo de capturar una porción sustancial del mercado mundial de semiconductores responde a la reconfiguración de las cadenas de valor internacionales, donde las grandes corporaciones multinacionales buscan diversificar sus plantas geográficas de fabricación fuera de las zonas tradicionales de Asia Oriental para mitigar riesgos geoeconómicos y logísticos.
La proyección de generar 230.000 empleos directos e indirectos especializados hasta el año 2050 requerirá una reestructuración profunda del sistema de educación técnica y superior en el país. El gobierno tailandés prevé establecer alianzas estratégicas con universidades internacionales e institutos de investigación tecnológica para formar ingenieros, técnicos de laboratorio y personal especializado en la operación de plantas de fabricación de obleas de silicio y salas limpias de alta pureza.
En el plano de las finanzas públicas y los ingresos fiscales, la meta de alcanzar un nivel de facturación de 150 mil millones de dólares anuales hacia mediados de siglo representaría una contribución significativa al producto interno bruto nacional.
La consolidación de una industria de chips avanzada incrementará el valor agregado de las exportaciones tailandesas, que históricamente han estado concentradas en el ensamblaje de componentes electrónicos de bajo margen, bienes de consumo duraderos y productos del sector automotriz convencional.
La construcción de instalaciones fabriles de esta escala demanda un suministro constante e ininterrumpido de energía eléctrica, así como sistemas avanzados de tratamiento de agua ultrapura, lo que impulsará proyectos de inversión paralelos en el sector de la energía limpia y los servicios públicos especializados dentro del país.
La hoja de ruta de Tailandia añade un competidor relevante en la carrera regional por la atracción de proyectos de tecnología avanzada, compitiendo directamente con iniciativas similares en Malasia, Singapur y Vietnam. La claridad en las normas de protección a la propiedad intelectual y la estabilidad de los marcos regulatorios serán factores clave para determinar el ritmo con el que las firmas transnacionales comprometan capital de largo plazo en el mercado tailandés.
El seguimiento de las fases iniciales de implementación de esta estrategia y los acuerdos bilaterales que suscriba el Ministerio de Finanzas con fabricantes globales de microprocesadores continuarán concentrando la atención de analistas de la industria tecnológica, firmas de asesoría patrimonial y organismos económicos multilaterales durante los próximos años. El éxito en el cumplimiento de los hitos intermedios fijados en el plan definirá la posición competitiva de Tailandia en la arquitectura industrial del siglo XXI.




