La batalla contra el incremento de precios en México ha dado un giro inesperado en el primer tramo de marzo de 2026. Tras meses de una relativa calma que alimentaba las esperanzas de una política monetaria más flexible, los datos oficiales han caído como un balde de agua fría sobre los analistas.
La inflación general se aceleró durante la primera quincena del mes con una contundencia que superó todas las previsiones del mercado, consolidando la idea de que las tasas de interés permanecerán en niveles restrictivos por más tiempo del previsto.
De acuerdo con las cifras divulgadas este martes por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el Índice Nacional de Precios al Consumidor registró un avance por quinta quincena consecutiva. Este comportamiento llevó la inflación a situarse en un 4.63% a tasa interanual, un nivel de presión sobre los bolsillos de los mexicanos que no se observaba desde la segunda mitad de octubre de 2024.
Este repunte quincenal rompe con la narrativa de una convergencia lineal hacia la meta del 3% establecida por el banco central. La persistencia de costos elevados en servicios y la reciente inestabilidad en los precios internacionales de los insumos han generado un efecto de arrastre que el INEGI ha documentado con precisión.
Este 4.63% se traduce en una pérdida sostenida del poder adquisitivo en bienes de primera necesidad. Para los mercados financieros, es una señal inequívoca de que la «última milla» de la lucha inflacionaria será la más difícil de recorrer.
La estabilidad del peso y la credibilidad de la institución dependen ahora de su capacidad para resistir las presiones políticas y mantener el freno de mano puesto hasta que el INPC muestre señales reales de fatiga.



