En un tono inusualmente directo, Yannis Stournaras, miembro clave del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo y responsable de la política monetaria, ha lanzado una advertencia que ha resonado con fuerza en los parqués financieros de Fráncfort y Londres: Europa podría enfrentarse a una recesión inminente si el conflicto en Irán se prolonga y los precios del crudo escalan por encima de la barrera psicológica de los 150 dólares por barril.

Un precio del petróleo a ese nivel actuaría como un impuesto masivo sobre el consumo y la producción, drenando la liquidez de los hogares y elevando los costos de logística a niveles insostenibles. En un continente que todavía lucha por consolidar su independencia energética, el retorno de los precios de «guerra» amenaza con desatar una espiral inflacionaria que obligaría al BCE a mantener las tasas de interés en niveles restrictivos, asfixiando el crecimiento.

Una interrupción prolongada en las rutas de suministro y el riesgo de un cierre total de pasos marítimos estratégicos podrían consolidar un escenario de estanflación, el peor de los mundos para los hacedores de política monetaria. Si el crudo supera los 150 dólares, la capacidad de las empresas europeas para absorber los costos de los insumos llegaría a su límite, traduciéndose inevitablemente en una contracción de la inversión y el empleo.

El Banco Central Europeo puede enfriar la demanda interna ajustando el costo del dinero, poco puede hacer ante una crisis de oferta provocada por la geopolítica. La advertencia de Stournaras es, en esencia, un llamado a la prudencia fiscal y a la aceleración de la transición energética para mitigar la vulnerabilidad sistémica.

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