En un episodio que añade una capa de incertidumbre sin precedentes a la estabilidad financiera de los Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha vuelto a situar en su diana al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. Sin embargo, en esta ocasión, el foco del conflicto no reside estrictamente en las tasas de interés, sino en una tema administrativa que ha escalado hasta el ámbito judicial.
El mandatario amenazó formalmente con presentar una demanda contra Powell, argumentando que los retrasos y los presuntos sobrecostos en la remodelación del histórico edificio Eccles y sus instalaciones adyacentes representan una negligencia en la custodia de los recursos públicos.
Este ataque no es simplemente una disputa sobre gestión de activos inmobiliarios. Se interpreta como el capítulo más reciente de una campaña sistemática para erosionar la autonomía de la Reserva Federal. La ley protege al presidente de la Reserva Federal de ser despedido, pero el concepto de «incompetencia grave» en la gestión administrativa podría ser el resquicio legal que la Casa Blanca busca explorar para forzar un cambio en el liderazgo.
La sede de la Reserva Federal ha estado bajo un extenso proceso de modernización destinado a actualizar sistemas de seguridad y eficiencia energética. Para el Ejecutivo, los detalles de este proyecto se han convertido en un arma política para cuestionar la capacidad de Powell no solo como banquero, sino como administrador de la institución.
La posibilidad de un litigio directo entre el presidente de la nación y el jefe del banco central ha generado nerviosismo en los mercados de bonos. La independencia de la Fed es considerada la piedra angular de la confianza en el dólar estadounidense.



