En el siempre cauteloso lenguaje de la banca central, las palabras finales de Stephen Miran antes de concluir su mandato en la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal han resonado con la fuerza de un portazo. A pocas semanas de abandonar su puesto a fines de este mes de enero, Miran ha trazado una hoja de ruta audaz: una reducción de 150 puntos en las tasas de interés para el transcurso de 2026.

Esta postura no es solo un pronóstico técnico; es una declaración de principios sobre la salud del mercado laboral estadounidense. La justificación de Miran es directa: la inflación subyacente, según sus cálculos, se sitúa ya en torno al 2,3%, lo que le otorga un margen de maniobra considerable.

La visión de Miran destaca por ser la más partidaria de tasas bajas dentro de la Fed.5Mientras él aboga por un recorte masivo de 1,5 puntos porcentuales, la mayoría de los funcionarios se inclina por una actitud de «esperar y ver», con proyecciones mucho más conservadoras de apenas un cuarto de punto para todo el ejercicio.

Esta divergencia subraya una fractura interna sobre qué riesgo es más inminente: si el de una inflación que se resista a bajar del objetivo del 2%, o el de un mercado laboral que empiece a mostrar fisuras peligrosas. Miran, alineado históricamente con visiones pro-crecimiento, ha dejado claro que su prioridad es evitar un enfriamiento excesivo del empleo que pueda derivar en una recesión innecesaria.

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