China prevé que efectos de El Niño alcancen punto máximo en otoño e invierno
Los mercados de materias primas y las cadenas de suministro agroalimentarias se preparan para encajar un impacto estructural de proporciones mayores. El Centro Nacional de Clima de China emitió un informe técnico donde advierte que los efectos meteorológicos del fenómeno de El Niño alcanzarán su punto álgido durante el otoño e invierno de este año en el hemisferio norte, antes de iniciar una remisión paulatina durante la primavera del año que viene.
Los científicos del organismo estatal informaron que las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental ya han entrado formalmente en un estado de El Niño.
De acuerdo con sus proyecciones de modelos climáticos, estas anomalías térmicas se consolidarán como un fenómeno de intensidad moderada o superior a lo largo del verano y el otoño boreales, acumulando la energía térmica necesaria para manifestarse con su máxima virulencia en los últimos meses del año en curso.
Un fenómeno de El Niño tiene varios patrones que van desde precipitaciones y temperaturas en todo el sudeste asiático y la cuenca del Pacífico. Para China, el mayor consumidor mundial de materias primas agrícolas y energía, esto se traduce en una amenaza directa a su seguridad alimentaria y a la estabilidad de sus precios internos.
En las regiones del sur y del centro de China, El Niño suele asociarse con lluvias torrenciales e inundaciones que pueden devastar los cultivos de arroz de finales de temporada y complicar la logística de almacenamiento.
En otras regiones productoras del norte, el fenómeno amenaza con desatar sequías prolongadas que mermarían los rendimientos de las cosechas de maíz y soja. Una reducción en la producción doméstica forzaría a Pekín a acudir de forma agresiva a los mercados internacionales para incrementar sus importaciones, un movimiento que de inmediato catapultaría los precios globales de los alimentos en las bolsas de Chicago y París, alimentando las presiones inflacionarias globales.
Un invierno crudo incrementará de manera vertical la demanda de carbón, gas natural licuado y electricidad para calefacción en las principales metrópolis industriales de China, Japón y Corea del Sur.
En un mercado energético internacional que ya navega por aguas de volatilidad estructural debido a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, un aumento repentino de la demanda asiática pondría bajo severa presión los inventarios globales antes de la llegada de la primavera.
El gobierno central desplegará agresivos estímulos crediticios para reanimar el consumo doméstico y combatir los riesgos deflacionarios en el sector industrial, un repunte en los costes de la energía y los alimentos básicos podría erosionar el poder adquisitivo de los hogares y distorsionar los canales de transmisión de la política monetaria.
A medida que las temperaturas del Pacífico avancen hacia ese pico proyectado para el otoño e invierno, la resiliencia de las infraestructuras de almacenamiento de grano y las reservas estratégicas de combustibles de China serán puestas a prueba.
Los mercados financieros internacionales observarán con cautela la evolución de estas anomalías marítimas, sabiendo que del rigor de las proyecciones de Pekín dependerá el precio de la cesta de la compra y de la energía en medio mundo de cara al cierre del ejercicio económico.



