El argumento a favor de una subida de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos cobró fuerza después de que un informe oficial del gobierno mostrara que la inflación en julio registró un comportamiento ligeramente más firme de lo proyectado por los analistas y los mercados financieros.
La publicación de estos indicadores macroeconómicos vuelve a situar el control de los precios en el centro de las deliberaciones del comité de política monetaria del banco central estadounidense. El aumento interanual del índice de precios de gastos de consumo personal, conocido por sus siglas en inglés como PCE, se ubicó en el 3,7% durante el mes pasado, de acuerdo con los datos divulgados por el Departamento de Comercio.
Esta cifra representa un ligero incremento frente al registro del 3,6% observado en el mes anterior. El indicador PCE constituye la variable fundamental que la Reserva Federal toma como referencia para evaluar el cumplimiento de su mandato explícito de estabilidad de precios, fijado en una meta anual del 2%.
Por su parte, la inflación subyacente del PCE, una medición que excluye los componentes más volátiles de la cesta de consumo como son los precios de los alimentos y la energía, se situó en el 3,3% en términos interanuales. Este resultado no mostró variaciones ni mejoras con respecto a la lectura contabilizada en junio, manteniéndose en el mismo nivel y reflejando la persistencia de las presiones inflacionarias en los sectores estructurales de la economía estadounidense.
El indicador subyacente es considerado por los economistas, analistas de mercado y miembros del banco central como un medidor más preciso de las tendencias inflacionarias a mediano y largo plazo. La ausencia de desaceleración en esta métrica sugiere que las presiones sobre los costes de los servicios y otros bienes esenciales continúan actuando sobre la canasta familiar, a pesar de los ajustes monetarios implementados previamente por la autoridad central.
Los datos presentados por el Departamento de Comercio ofrecen a los integrantes del Comité Federal de Mercado Abierto nueva evidencia empírica para evaluar la orientación de la política monetaria en sus próximas reuniones ordinarias.
La aceleración marginal del PCE general y el estancamiento del PCE subyacente refuerzan las posturas dentro del organismo emisor que defienden la necesidad de mantener un sesgo restrictivo en el costo del dinero para asegurar que la tasa de inflación converja de manera constante hacia el objetivo oficial.
El comportamiento de los precios en julio incide directamente en las expectativas relativas a los tipos de interés de referencia de los fondos federales. Las firmas de inversión y los operadores de renta fija han procedido a reajustar sus modelos de valoración para incorporar una mayor probabilidad de un incremento adicional en las tasas o, en su defecto, un periodo más prolongado de niveles elevados en el precio del crédito comercial e hipotecario.
La evolución del gasto de consumo personal refleja asimismo el estado de la demanda interna en la economía más grande del mundo. El dinamismo en el consumo de los hogares sigue siendo un motor determinante de la actividad general, influyendo tanto en la creación de empleo como en la capacidad de las empresas para trasladar los costos operativos a las tarifas finales de venta.
Los participantes del mercado continúan analizando los comunicados oficiales, los informes del mercado laboral y los discursos de los gobernadores de la Reserva Federal para anticipar la magnitud y el ritmo de las futuras decisiones en materia de liquidez monetaria.



