Los datos de inflación para la primera quincena de noviembre de 2025 han encendido una nueva señal de alerta en el panorama económico mexicano. El Índice Nacional de Precios al Consumidor experimentó un notable incremento del 0.47% en dicho periodo, una cifra que refleja la persistencia de las presiones inflacionarias a pocos meses del cierre del año.
El alza quincenal está siendo impulsada principalmente por componentes con alta volatilidad, como los energéticos y algunos productos agropecuarios. Factores estacionales propios de la transición de otoño a invierno, junto con ajustes de precios en ciertos bienes y servicios relacionados con el inicio de la temporada de compras navideñas, suelen ejercer una presión alcista sobre el índice general.
A pesar del fuerte incremento en el IPC general, el dato más analizado por los economistas ofrece un respiro, aunque tenue. El índice subyacente, que se considera el mejor parámetro para medir la trayectoria de los precios a mediano plazo, mostró un alza significativamente menor, de apenas 0.04% en la primera mitad de noviembre.
La importancia del indicador subyacente radica en que excluye del cálculo aquellos productos con alta volatilidad, como los energéticos y los precios determinados por el Gobierno. Al filtrar estos ruidos transitorios, el indicador subyacente refleja de manera más precisa la inercia de los precios y la efectividad de la política monetaria.
El bajo crecimiento del 0.04% sugiere que, si bien persisten los choques externos y estacionales, la inflación estructural podría estar mostrando una tendencia a la moderación.
El resultado dual de la inflación de la primera quincena de noviembre complica el panorama para Banxico. Por un lado, el fuerte repunte del IPC general refuerza la necesidad de mantener la cautela y evitar cualquier señal prematura de relajación monetaria.



