El Banco de Inglaterra ha navegado en aguas turbulentas, atrapado en el clásico dilema del banquero central: cómo enfriar una inflación persistente sin asfixiar por completo el crecimiento económico.

Ese equilibrio precario está llegando a su fin. Alan Taylor, uno de los principales responsables de la formulación de políticas de la institución, ha lanzado una advertencia que marca un cambio de paradigma en la City londinense: el riesgo ya no es el sobrecalentamiento, sino una caída de la demanda que podría ser demasiado profunda.

Según Taylor, el BoE pronto dejará de enfrentarse a la difícil elección entre combatir los precios y sostener el Producto Interno Bruto. La razón es una realidad estadística que se ha vuelto innegable a lo largo de 2025 y lo que va de 2026: la economía británica está mostrando señales de fatiga que superan las proyecciones más pesimistas de Threadneedle Street.

La base de la evaluación de Taylor es un tríptico de datos macroeconómicos que sugieren que la política restrictiva podría haber ido demasiado lejos. La inflación ha mantenido una trayectoria sistemáticamente inferior a la prevista en las sucesivas previsiones del Banco. Este «alivio» en los precios, lejos de ser motivo de celebración total, refleja una debilidad estructural en el consumo.

El mercado laboral ha comenzado a agrietarse. La tasa de desempleo se sitúa hoy por encima de los niveles proyectados, mientras que el crecimiento salarial, el factor que más preocupaba a los halcones del BoE por su potencial inflacionario, se ha desacelerado de forma notable.

La advertencia de Taylor sugiere que el Banco de Inglaterra debe pivotar rápidamente. Si la demanda cae por debajo de los niveles de equilibrio, el Reino Unido podría enfrentarse a un escenario de estancamiento prolongado. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Adblock Detected

Please consider supporting us by disabling your ad blocker