Latinoamérica ha comenzado a emitir señales de notable dinamismo en sus variables de eficiencia interna. De acuerdo con el reciente y riguroso informe sectorial Perspectivas del Empleo de la OCDE 2026, publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, México se ha posicionado de forma sólida como uno de los países miembros del bloque multilateral con mayor crecimiento de su productividad en la etapa postpandemia.
Dentro del contexto geográfico de Latinoamérica, la nación norteamericana destaca de manera nítida junto con Colombia como las economías emergentes que registran la mayor mejora estructural en su Producto Interno Bruto (PIB) por hora trabajada.
El desempeño mexicano desvela una profunda mutación en el aprovechamiento de los factores de producción. Los datos duros auditados por el organismo con sede en París son contundentes: entre los años 2023 y 2024, la productividad laboral real en México experimentó un crecimiento acelerado del 1.96%.
El promedio de incremento de la productividad laboral en el conjunto de la OCDE se ubicó en un modesto 0.62%. Este diferencial estadístico pone de manifiesto que el aparato productivo mexicano avanzó a una velocidad que triplicó la media transnacional, desafiando las proyecciones iniciales de las agencias internacionales de calificación de riesgo.
Elevar la productividad sin disparar de forma paralela los costes fijos salariales permite a las corporaciones privadas expandir de manera sostenible sus márgenes operativos y mejorar el retorno de la inversión en capital fijo. Las multinacionales del sector secundario han introducido rigurosos procesos de automatización y optimización de flujos que han disparado de forma persistente la productividad del factor trabajo.
El hecho de que Colombia acompañe a México en este liderazgo regional demuestra que las reformas estructurales orientadas a la adopción de tecnologías de software y canales de comercio digital están rindiendo frutos tangibles en la generación de valor agregado.
Al incrementar el PIB generado por cada hora de jornada laboral, ambas economías sientan las bases macroeconómicas necesarias para absorber de forma eficiente los choques inflacionarios externos, otorgando a sus respectivos bancos centrales un mayor margen de maniobra para calibrar las tasas de interés de referencia sin deprimir el consumo interno de sus sociedades.
No obstante, el gran desafío analítico para los próximos trimestres residirá en lograr que este histórico repunte del 1.96% en la productividad se traduzca de manera efectiva en un incremento generalizado de los salarios reales y en la creación masiva de empleo formal altamente cualificado.
Invertir en la capacitación continua de la mano de obra y en la modernización de los bienes de capital fijo constituye la única hoja de ruta viable para evitar que este dinamismo postpandemia opere como un destello temporal. En conclusión, los hallazgos de las Perspectivas del Empleo de la OCDE 2026 delimitan un panorama de claro optimismo técnico para el aparato productivo de México y Colombia.



