La locomotora europea parece estar encontrando tracción nuevamente, aunque el camino hacia la recuperación plena sigue siendo desigual. Según el último informe, la economía alemana cerrará 2025 con un crecimiento moderado en el cuarto trimestre.
Este pronóstico, aunque alejado de la euforia, ofrece un respiro vital para los mercados de la Eurozona, que han observado con preocupación el estancamiento de su mayor economía durante los últimos periodos.
El Banco Central alemán dibuja una fotografía clara de una economía operando a dos velocidades. El motor principal de este repunte en la recta final del año es el sector servicios. La demanda interna y el consumo en servicios han demostrado una resiliencia que ha servido de contrapeso ante las incertidumbres globales.
El Bundesbank señala que la industria «se estabilizará», un término que en la jerga económica sugiere que se ha tocado fondo y que la sangría de producción y pedidos industriales está llegando a su fin. Esta estabilización es crucial para restablecer la confianza en la cadena de suministro europea.
Mirando hacia el horizonte, el consenso de los economistas y las proyecciones del Bundesbank apuntan a un repunte más vigoroso para 2026. La narrativa económica cambiará de una dependencia de la demanda privada a un impulso liderado por el Estado.
Este aumento en el gasto es una respuesta tanto a las necesidades geopolíticas como a la urgencia de modernizar la red logística y energética del país. Alemania cierra 2025 evitando la recesión gracias a los servicios y entra en 2026 con la promesa de un keynesianismo renovado en defensa e infraestructura, sentando las bases para un ciclo de crecimiento más robusto, aunque de cocción lenta.



