La diplomacia estadounidense ha desplegado su arsenal retórico en el edificio de cristal de las Naciones Unidas en un intento por calmar los mercados y a una comunidad internacional en estado de shock.
Tras la operación de fuerzas especiales que culminó con la captura de Nicolás Maduro , el enviado de Washington ante la ONU fue tajante al precisar que no quieren ocupar Venezuela.
Esta declaración busca disipar el fantasma de una presencia militar prolongada, aunque el mercado interpreta el mensaje bajo un prisma puramente pragmático. Mientras que en la Asamblea General se escuchan duras críticas de bloques como China, Rusia y gran parte de América Latina, en Wall Street el optimismo es palpable.
Los bonos soberanos de Venezuela y la deuda de PDVSA, que llevaban años en el limbo, registraron incrementos de hasta un 25%. La «no ocupación» militar no significa una ausencia de control económico.
A pesar de la retórica política, el precio del barril WTI se mantiene estable en torno a los 63 dólares. Los operadores parecen confiar en que la administración Trump priorizará la continuidad del flujo de crudo sobre la represalia ideológica.



