Tras varios trimestres de un dinamismo sostenido por el flujo histórico de remesas y la solidez del mercado laboral doméstico, el consumo privado en México registró una contracción del 0,8% durante el periodo comprendido entre enero y marzo de 2026 en comparación con el trimestre inmediato anterior.
Los datos oficiales, divulgados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), confirman un punto de inflexión macroeconómico que ya ha comenzado a forzar una revisión a la baja en los modelos de crecimiento. Este tropiezo del 0,8% en el coche de consumo de las familias mexicanas refleja el impacto acumulado de las elevadas tasas de interés reales aplicadas por el Banco de México para contener las presiones inflacionarias remanentes.
La prudencia de los hogares ante el estancamiento de los salarios reales y una moderación estacional en el gasto corriente de los bienes no duraderos han enfriado la disposición de gasto del consumidor promedio, interrumpiendo la tendencia expansiva que venía apuntalando el dinamismo del sector servicios y el comercio minorista en las principales metrópolis del país.
A pesar de la evidente desaceleración intertrimestral, la radiografía del consumo ofrece un comportamiento dual cuando se analiza desde una perspectiva de más largo alcance. En la comparación anual, el consumo privado subió un 2,2% en el primer trimestre frente al mismo periodo del año anterior, un indicador que demuestra que el gasto de los hogares aún conserva un suelo defensivo gracias al anclaje de la masa salarial formal y la resiliencia del sector exterior.
De acuerdo con el reporte del INEGI, la demanda agregada aumentó apenas un 0,3% respecto al trimestre anterior, apuntalada principalmente por la inercia de la inversión en proyectos de infraestructura física y la relocalización de cadenas de suministro.
En el balance interanual, la demanda agregada arrojó un sólido incremento del 5% respecto al mismo trimestre de 2025, beneficiada por la baja base de comparación del año previo y el sostenido apetito de la industria manufacturera estadounidense por los componentes industriales mexicanos.
Dado que los ingresos fiscales por concepto de Impuesto al Valor Agregado (IVA) dependen directamente del dinamismo comercial de los hogares, una contracción prolongada del consumo interno limitaría el margen de maniobra presupuestaria del gobierno federal.
A las puertas del segundo trimestre, la gran incógnita para la junta de gobierno de Banxico radica en determinar si este enfriamiento del mercado interno es lo suficientemente profundo como para acelerar el ritmo de recortes de la tasa de interés interbancaria, o si la persistencia de la inflación en el sector servicios obligará a mantener una postura monetaria restrictiva a costa de sacrificar el vigor del Producto Interior Bruto (PIB).
Con el consumo de las familias tropezando un 0,8% pero con una demanda agregada anual que se aferra al 5%, la economía mexicana constata que la transición hacia un crecimiento equilibrado y ajeno a las presiones inflacionarias requerirá de una calibración milimétrica de las políticas públicas para evitar que la desaceleración del consumo se transforme en una contracción generalizada de la actividad comercial.



