Las cadenas de producción de alimentos y el sector agropecuario de América Latina enfrentan un escenario de complejidad operativa debido a la combinación de interrupciones logísticas en el Estrecho de Ormuz y la llegada inminente del fenómeno climático El Niño. La advertencia fue formulada por Máximo Torero, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), quien instó a los gobiernos de la región a estructurar planes de contingencia para mitigar los impactos sobre la seguridad alimentaria y la balanza comercial agrícola.

Esta vía fluvial clave no solo concentra el tránsito de hidrocarburos necesarios para el funcionamiento de maquinaria agrícola y procesos de industrialización alimentaria, sino que constituye una arteria crítica para el comercio de gas natural utilizado en la fabricación de fertilizantes nitrogenados, así como de embarques de fosfatos y componentes químicos esenciales para la elaboración de semillas híbridas de alto rendimiento.

La interrupción en el suministro de fertilizantes e insumos biotecnológicos procedentes de las rutas de Oriente Medio genera un impacto directo en las estructuras de costes de los productores latinoamericanos. Países con fuerte vocación agroexportadora dependen de la importación continua de nutrientes para el suelo para sostener los niveles de productividad por hectárea en cultivos extensivos como la soja, el maíz, el café y los cereales.

El economista jefe de la FAO precisó que la restricción en la oferta de gas natural repercute de manera inmediata en la producción global de urea y amoníaco, elevando los precios internacionales de los fertilizantes. Esta encarecimiento de los insumos primarios se traslada gradualmente a los costes de siembra y cosecha, presionando los márgenes de rentabilidad de las explotaciones agrícolas y aumentando el riesgo de ajustes al alza en los precios finales de la canasta básica de alimentos en los mercados urbanos.

Impacto del fenómeno El Niño en la producción regional

A las tensiones en el comercio de insumos se suma la amenaza de alteraciones meteorológicas asociadas al fenómeno de El Niño. Este patrón climático, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas del Océano Pacífico, genera efectos dispares pero severos en la geografía latinoamericana, alternando episodios de sequías prolongadas en el corredor seco centroamericano y zonas del norte de Sudamérica con lluvias intensas e inundaciones en las regiones del Cono Sur.

La FAO enfatizó que la escasez de precipitaciones en zonas agrícolas clave puede reducir la disponibilidad de agua para riego y afectar la capacidad de absorción de los suelos, condicionando el rendimiento de las cosechas estacionales.

Los comités técnicos de la FAO continuarán con el monitoreo de las cotizaciones de fertilizantes en las bolsas internacionales y la evolución de las anomalías térmicas en el Pacífico. El seguimiento de estas variables resultará determinante para proyectar el comportamiento de las cosechas regionales y la estabilidad del comercio exterior de productos agropecuarios durante el ciclo productivo en curso.

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