En una maniobra que recuerda a la creación de la Reserva Estratégica de Petróleo en los años 70, la administración de Donald Trump ha puesto en marcha un ambicioso plan para proteger la seguridad industrial de Estados Unidos. Bajo el nombre de «Proyecto Vault», la Casa Blanca lanzará una reserva estratégica de minerales críticos respaldada por un capital inicial de 12.000 millones de dólares.
Esta decisión no es solo una medida de almacenamiento; es una declaración de guerra comercial y soberanía tecnológica. El objetivo principal es neutralizar lo que Washington califica como una «manipulación sistemática de precios» por parte de Pekín.
Durante años, el dominio chino en el refinamiento y suministro de litio, níquel, cobalto y tierras raras ha mantenido a las mineras estadounidenses en una posición de vulnerabilidad extrema, asfixiadas por la volatilidad de un mercado controlado desde el exterior.
La estructura del financiamiento revela una estrategia de riesgo compartido para atraer la confianza de los mercados. De los 12.000 millones de dólares, la mayor parte provendrá de un préstamo a 15 años del Banco de Exportación e Importación de Estados Unidos por valor de 10.000 millones de dólares, mientras que los 1.670 millones restantes serán aportados por capital privado.
Este almacén estratégico funcionará como un colchón de seguridad para industrias clave. Al estabilizar los precios y garantizar el stock, el gobierno busca incentivar a los fabricantes de baterías, vehículos eléctricos y tecnología de defensa a relocalizar sus cadenas de producción en suelo estadounidense.
Históricamente, Estados Unidos ha dependido de China para más del 80% de su suministro de tierras raras. Con el «Proyecto Vault», Washington pretende que minerales como el galio y el magnesio dejen de ser armas geopolíticas en manos de competidores extranjeros.



