La transición energética es uno de los desafíos más complejos y urgentes que enfrenta el mundo. En este panorama, el gas natural, un hidrocarburo que ha sido tradicionalmente visto como un puente entre los combustibles fósiles y las energías renovables, está listo para desempeñar un papel mucho más grande de lo que se podría esperar. Un reciente análisis de Exxon Mobil, una de las compañías energéticas más grandes del mundo, arroja luz sobre esta creciente demanda.
Según el informe, la demanda mundial de gas natural aumentará más de un 20% hasta 2050 en comparación con los niveles de 2024. Esta proyección, si bien puede parecer sorprendente en un contexto de descarbonización, se basa en la realidad de la dinámica energética global, especialmente en las economías emergentes.
La principal razón de este crecimiento es el papel del gas natural como un sustituto del carbón. En muchas partes del mundo, el carbón sigue siendo la principal fuente de energía para la generación de electricidad y para alimentar industrias pesadas. Sin embargo, su alto impacto ambiental ha llevado a muchos países a buscar alternativas más limpias. Aunque todavía es un combustible fósil, quema de manera más eficiente y emite menos dióxido de carbono que el carbón, lo que lo convierte en una opción atractiva para reducir las emisiones a corto y mediano plazo.
Además, el informe de Exxon Mobil destaca el mayor uso de electricidad en los países en desarrollo. A medida que estas economías se industrializan y sus poblaciones aumentan, la necesidad de energía es imparable. El gas natural ofrece una fuente de energía confiable y escalable para satisfacer esta creciente demanda, mientras se desarrollan infraestructuras para fuentes renovables.



