La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha enviado una señal cautelosa sobre las perspectivas económicas a mediano plazo para México. En su más reciente informe trimestral, la organización ajustó a la baja su expectativa de crecimiento para el Producto Interno Bruto de México para 2026, situándola en un modesto 1.2 por ciento.
Esta nueva proyección refleja una moderación en el optimismo, ya que se encuentra ligeramente debajo del 1.3% que la propia OCDE había estimado en su análisis previo de septiembre. Aunque el recorte es marginal, subraya las presiones internas y externas que podrían frenar la dinámica de la economía mexicana tras el cierre de un ciclo político y la necesidad de consolidación fiscal.
El panorama de 2026 presenta retos significativos. Si bien se espera que el impulso del nearshoring y la inversión extranjera directa continúen, factores como la incertidumbre global y las tasas de interés aún elevadas podrían pesar en el desempeño económico. Un crecimiento del 1.2% obligaría al nuevo gobierno a redoblar los esfuerzos para implementar reformas que impulsen la productividad y la inversión en infraestructura clave.
La OCDE estima que el gobierno de México terminará el periodo con un déficit fiscal equivalente al 3.6% del PIB. Este nivel de endeudamiento es considerable y se debe, en gran medida, al aumento del gasto en proyectos prioritarios y programas sociales implementados en los años recientes.
Según la OCDE, es que se espera una paulatina moderación fiscal. Se proyecta que no será sino hasta 2027 cuando el déficit fiscal comience a promediar en torno al 3.2% del Producto. Este descenso indicaría el inicio de una fase de consolidación fiscal post-electoral, donde el gobierno buscará reducir el gasto corriente y posiblemente incrementar la recaudación para asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas.



