La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, expresó de manera abierta y contundente su profundo desacuerdo con la acusación penal presentada por la justicia de los Estados Unidos contra el expresidente de Cuba, Raúl Castro. La mandataria mexicana calificó la ofensiva legal del Departamento de Justicia estadounidense como un reflejo directo de la visión “injerencista” que, a su juicio, Washington sigue ejerciendo de manera sistemática hacia las naciones de Latinoamérica.
El pronunciamiento del Ejecutivo mexicano introduce un ingrediente de alta volatilidad política en un momento sumamente delicado para la región, dado que se suscita en paralelo al drástico endurecimiento de la retórica estadounidense hacia el Caribe, encabezado por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, quienes no han descartado incluso el uso de opciones militares ante los lazos de la isla con potencias rivales.
Durante su comparecencia ante los medios, Sheinbaum apeló a la diplomacia mexicana para argumentar que los tribunales internos de una nación no deben ser utilizados como herramientas de coacción política internacional contra líderes extranjeros.
Sheinbaum reafirma la línea de autonomía de la política exterior mexicana, desmarcándose de la presión directa de su principal socio comercial en el norte. Aunque el comercio bilateral al amparo del tratado de libre comercio regional sigue siendo el motor fundamental de la macroeconomía mexicana.
Mientras Washington intensifica su estrategia de presión máxima sobre el eje caribeño, la postura de México deja claro que la región no absorberá de manera sumisa las directrices de la administración Trump. Los comités de inversión y las mesas de divisas mantendrán la cautela, evaluando si este diferendo político se traduce en sanciones cruzadas o si, por el contrario, se mantiene encapsulado en el terreno de la retórica ideológica tradicional.



