ExxonMobil ha puesto sus ojos en los activos estratégicos de la cuenca del Pacífico. Según fuentes de alto nivel, la energética se encuentra en las primeras etapas de intensas conversaciones internas orientadas a evaluar posibles objetivos de adquisición a gran escala, figurando Woodside Energy, el mayor exportador de gas natural de Australia.
Woodside Energy, un coloso de las materias primas con una infraestructura de licuefacción envidiable y contratos de suministro de largo plazo, cuenta actualmente con un valor de mercado que supera holgadamente los 41.000 millones de dólares.
Las deliberaciones en el seno de la junta directiva de ExxonMobil aún revisten un carácter estrictamente preliminar y, por el momento, no existe certeza absoluta ni garantías formales de que la compañía estadounidense vaya a formalizar una oferta pública de adquisición en los próximos meses.
El interés de ExxonMobil por Woodside responde a una lógica de mercado impecable y a la búsqueda ciega de escala operativa en el negocio del Gas Natural Licuado. Tras años de cosechar flujos de caja récord gracias a los elevados precios de los hidrocarburos, las grandes corporaciones energéticas occidentales disponen de ingentes cantidades de liquidez sin invertir.
La cúpula de Exxon parece decidida a utilizar su músculo financiero para consolidar su dominio en el mercado del gas, un hidrocarburo considerado un combustible crítico de transición hacia una economía de bajas emisiones.
La integración de Woodside dentro del portafolio global de Exxon daría nacimiento a un titán del GNL. La firma australiana opera activos en cuencas como Carnarvon y Bonaparte, controlando proyectos emblemáticos.
El camino hacia una adquisición de 41.000 millones de dólares está sembrado de complejos desafíos regulatorios y macroeconómicos. Una transacción de estas dimensiones disparará de inmediato el escrutinio de la Comisión Australiana de Competencia y Consumidores, un organismo estatal tradicionalmente celoso de preservar el control local sobre los recursos naturales críticos y la seguridad del suministro interno de gas para la industria y los hogares del país.
Asimismo, la volatilidad cambiaria y las presiones inflacionistas sobre los costes de desarrollo de nuevos yacimientos marinos forzarán a los expertos de proyectos de Exxon a calcular con precisión milimétrica las sinergias financieras antes de estampar cualquier firma.
Las salas de operaciones mundiales ya han comenzado a internalizar el escenario de una nueva ola de consolidación en el sector de las grandes petroleras. Con una valoración inicial de 41.000 millones de dólares sobre la mesa, la posible maniobra de ExxonMobil demuestra que, en la economía actual, la escala técnica y el control de las reservas siguen siendo las mejores defensas para asegurar el valor a largo plazo.



