Visa anunció el cierre de su negocio de banca abierta en Estados Unidos, una unidad que ofrecía a las fintech acceso a datos bancarios de clientes para facilitar registros y transferencias de dinero. La decisión marca una retirada de un servicio que buscaba impulsar la conectividad entre bancos e innovadoras plataformas financieras, especialmente en un periodo de intensificación de la regulación y la competencia en servicios de pago.
Con este movimiento, la empresa replantea su estrategia en el ecosistema de pagos y datos financieros, que ha visto una creciente participación de actores especializados. Aunque la empresa continuará supervisando sus operaciones actuales, la interrupción de la apertura de datos podría impactar a startups que dependían de estas interfaces para acelerar la verificación de identidades. En un contexto más amplio, el cierre de este negocio para Visa refleja la tensión entre innovación, control de datos y cumplimiento de las normas.
A mediano plazo, el impacto dependerá de las alternativas disponibles en el ecosistema: asociaciones con bancos que mantengan APIs abiertas, la adopción de estándares de interoperabilidad y el desarrollo de plataformas propias por parte de fintech para mantener la eficiencia operativa y la experiencia del usuario.



