Esta semana, el presidente paraguayo, Santiago Peña, reafirmó la solidez de este vínculo durante una visita oficial que trasciende el protocolo habitual. Según el mandatario, la relación entre Asunción y Taipéi no es una mera coincidencia geográfica o de intereses transitorios, sino una amistad profunda cimentada en los valores compartidos de la libertad y la democracia.
Beijing ha intensificado notablemente sus esfuerzos para persuadir a la nación sudamericana de romper sus lazos con Taiwán. La estrategia china es clara: utilizar el peso de su mercado como un incentivo irresistible para que Paraguay cambie su lealtad, tal como lo han hecho otros países de la región en años recientes.
China es un comprador potencial masivo para la soja y la carne paraguaya, sectores que hoy enfrentan barreras logísticas y arancelarias por la falta de un vínculo oficial. No obstante, el gobierno de Peña parece haber calculado que el costo de oportunidad de no comerciar directamente con China se compensa con la cooperación técnica, las inversiones y el acceso a tecnología que Taiwán garantiza.
Más allá de la exportación de commodities, la apuesta de Santiago Peña busca transformar la matriz productiva paraguaya. Taiwán ha prometido fortalecer la capacitación industrial y la transferencia de conocimientos en sectores estratégicos como la energía y la manufactura avanzada.



