El gobernador del Banco de la Reserva de Sudáfrica, Lesetja Kganyago, declaró de forma categórica que la institución no escatimará esfuerzos para reducir la inflación y anclarla en su nuevo objetivo estructural del 3%.

El veterano banquero central defendió con vehemencia la reciente subida de las tasas de interés, calificándola como una medida preventiva e indispensable para evitar que se arraiguen los peligrosos efectos de segunda ronda derivados de la crisis petrolera que sacude a Oriente Medio.

El Comité de Política Monetaria de la entidad decidió elevar su tasa de interés de referencia en 25 puntos básicos, situándola en el 7.0% anual. Esta decisión, que marca el primer incremento en el costo del dinero en tres años, no fue unánime, lo que refleja la intensa tensión interna entre el ala ortodoxa y los defensores del crecimiento económico.

La medida regulatoria salió adelante con el respaldo de cuatro de los seis miembros del Comité, quienes priorizaron el mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo del rand frente al voto de la minoría, que abogaba por mantener estables los tipos de interés debido a la fragilidad que arrastra el mercado laboral interno.

La escalada de hostilidades en Oriente Medio ha provocado un incremento vertical en los precios internacionales del crudo, encareciendo de forma inmediata la factura energética local.

El temor del gobernador Kganyago es que este incremento inicial en los combustibles fósiles termine por contaminar de forma permanente al resto de la cesta de consumo mediante incrementos en los costes de transporte de mercancías, las tarifas de los fletes industriales y la producción de alimentos básicos a través del encarecimiento de los fertilizantes.

El endurecimiento de las condiciones de financiación introduce un factor de ralentización operativa para el sector corporativo y los consumidores sudafricanos. El incremento del costo del crédito encarece el financiamiento bancario, desincentivando la inversión privada y reduciendo el ingreso disponible de las familias, cuyo nivel de endeudamiento ya es elevado.

El paso al frente liderado por Lesetja Kganyago reafirma que el Banco de la Reserva de Sudáfrica prefiere pagar el costo político y social de un crecimiento moderado antes que arriesgar su reputación antiinflacionaria. Al fijar el rumbo hacia el 3%, el SARB se consolida como uno de los bancos centrales más rigurosos de los mercados emergentes.

Las mesas de dinero y los operadores del mercado de divisas vigilarán minuciosamente la evolución del rand y los resultados de las encuestas de expectativas inflacionarias que se divulgarán a finales de junio, sabiendo que de la efectividad de este ajuste al 7% dependerá si Sudáfrica logra sortear con éxito la tormenta energética global o si se verá forzada a aplicar nuevos e impopulares incrementos de tasas antes de que concluya el año.

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