En una declaración de notable franqueza institucional que ha encendido los debates en las mesas de dinero de la región, el vicegobernador del Banco Estatal de Vietnam, Pham Thanh Ha, confirmó que el país se inclinará de forma decidida por la implementación de políticas fiscales expansivas. Esta agresiva estrategia del Ministerio de Finanzas busca apuntalar la actividad productiva interna y cumplir con los ambiciosos objetivos de expansión del Gobierno, en un momento donde el margen de maniobra para aplicar la política monetaria tradicional se ha reducido al mínimo.

Vietnam se ha fijado como objetivo político y económico irrenunciable una tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto de al menos el 10% para el año fiscal 2026, una meta sumamente audaz que pretende acompañar manteniendo la inflación controlada en un umbral del 4,5%.

El cumplimiento simultáneo de ambas variables se ha vuelto una tarea titánica debido a factores externos disruptivos. La inflación doméstica se aceleró de forma alarmante durante el segundo trimestre, impulsada por el encarecimiento vertical de las materias primas importadas, mientras que el déficit comercial del país se amplió de forma inédita hasta alcanzar un máximo histórico al cierre de mayo.

Al ser una economía profundamente integrada en las cadenas de valor globales y altamente dependiente de la importación de petróleo crudo refinado, componentes químicos y fertilizantes para sostener su masivo aparato manufacturero y agrícola, el bloqueo logístico en las rutas de navegación de Oriente Medio ha disparado sus costes de producción.

Las fábricas de Saigón y Hanói pagan hoy fletes marítimos prohibitivos, una inflación de costes importada que se traslada de forma directa a los consumidores y que destruye los términos de intercambio de la nación.

El Banco Estatal de Vietnam se encuentra con las manos atadas. Tal como detalló el vicegobernador Pham Thanh Ha, la autoridad monetaria carece del espacio técnico para aplicar nuevos recortes de tipos de interés que estimulen el crédito privado, ya que una flexibilización monetaria adicional debilitaría aún más al dong vietnamita frente al dólar estadounidense, exacerbando la fuga de capitales y echando más leña al fuego de la inflación.

La política fiscal expansiva se materializará a través de una aceleración masiva en la ejecución de proyectos de infraestructura pública junto con reducciones temporales del impuesto al valor agregado y exenciones impositivas para las corporaciones que absorban mano de obra local. Con estas medidas, Hanói busca inyectar liquidez de forma directa en las venas del aparato productivo sin presionar los canales del crédito bancario.

El éxito del plan fiscal de Hanói para lo que resta de 2026 dependerá de la velocidad con la que el gasto público logre transformarse en capacidad instalada y eficiencia logística, compensando el lastre del déficit comercial récord registrado en mayo.

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